lunes, 18 de abril de 2011

El "Bosque 3.050" de Xurxo Oro Claro, de Bonaval a Oseira (II)





" ÁRBOLES DE METAL ENTRE SIMBÓLICAS PALMERAS "


" La exposición Bosque 3050 de Xurxo Oro es una imagen de un tiempo futuro, un mundo destruido en el que la muerte reinará a mediados del siglo treinta y uno. Brillan los troncos de árboles de Oro Claro en las entrañas germinales de Oseira, la sala de las Palmeras: luminosos, acerados, sobre el pavimento recubierto de grava oscura. En la que fuera sala capitular durante siglos, y sacristía en los dos finales de la época histórica -innecesaria función en las últimas décadas, tras la llegada de los monjes trapenses de San Isidro de Dueñas (Palencia)-, se ha instalado.

Concebida para la iglesia santiaguesa de Santo Domingo de Bonaval, desde unos robles muertos del Xerés portugués en 2008, a las que fue añadiendo acacias de O Ribeiro, el artista transforma desde su arte un bosque muerto, recubriendo sus residuos en una urna metálica cual herrero alquimista. Oro los introduce ahora en otro espacio paradigmático del patrimonio artístico gallego, muerto asimismo para la función de uso que tuvieron. Son árboles muertos en espacios fosilizados, siendo el de Bonaval desde su asociación al cementerio. Arte dentro de una obra de arte. 



Del espacio eclesial conventual a este en el que la comunidad recibía enseñanza del Abad, y luego ya sacristía, lugar del tesoro y de los ornamentos litúrgicos, ahora espacio para las visitas turísticas. Bajo las bóvedas sostenidas por cuatro columnas centrales con acanaladuras, o palmeras, esas joyas del reino vegetal, árboles de tierras áridas donde las precipitaciones escasean. Estancia privilegiada en la que los Árboles de la Vida con sus ramas se extienden a los trescientos sesenta y cinco días, y los cuatro puntos cardinales, y cuyos frutos son imagen de un cosmos, y de saberes para iniciados. Desde su admirado Joseph Beuys, quien en la Documenta VII de Kassel amontonó 7.000 bloques de basalto plantando un roble al final, una emulación que se ha culminado con los años (7.000 Robles era su título), Oro habla e interpela. 


Xurxo Oro sitúa este sarcófago arbóreo colectivo trabajado con martillo y soldado en estaño, con fuego, en aros, como los de las palmeras reales. El recubre, siempre recubre, desde hace lustros, objetos y figuras, a veces referentes en la cultura autóctona, desarrollando una relación conceptual en la que el envase brillante es la forma de la idea. Desde la angustia personal, este paisaje, ahora, es un mensaje visual.

En Bonaval era la muerte, en paralelo al cementerio, la idea martillo; mas en Oseira podría ser el de la renovación del tiempo, un nuevo camino, absorbiendo algo de la lección del espacio en que se inserta. La dicotomía entre los sepulcros brillantes de los árboles -pura apariencia, vanidad-y su estado cadavérico interior es asimismo una profunda lección cristiana. La exposición, que se acompaña de un proyecto didáctico, fue en Santiago la guinda del Xacobeo, y aquí un regalo de Reyes
".

(Así lo escribimos, en LR_17.1.2011). Xurxo hizo un montaje especial dividiéndolo en dos partes: el principal en la otrora sacristía monástica nacida como sala capitular y otro en la sala que fue locutorio, que se halla en el extremo del ala Este del claustro. Las magníficas fotos son de la web del artista...

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